El fileteado porteño es un arte decorativo que se puede encontrar en los colectivos (autobuses), en los carteles de muchos negocios… Son formas generalmente curvas, espirales y envolventes que combinan flores, hojas, animales, banderas…
Desde que llegué a Baires me llamó mucho la atención, así que me propuse hacer un curso de fileteado y por fin lo hice:
Primero nos contaron un poquito de historia. Nació en los vehículos: autos, colectivos, camiones… Solían estar acompañados por algún mensaje que decidía el dueño del auto. De hecho, curiosamente los primeros escritos sobre el fileteado porteño, que datan de los años 30 y son de Borges, lo analizaba desde un punto de vista puramente literario y no iconográfico. En los años 70 se vió bruscamente cortado con una ley que prohibía el fileteado en los colectivos. Esto trajo dos consecuencias: la primera, que el oficio de fileteador se vio severamente mermado y la segunda, que se las tuvieron que ingeniar para crear nuevas vías; fue como surgió el fileteado en sí mismo como decoración con soporte propio y no como parte de la cadena de fabricación de un auto. En la actualidad tiene más usos que el inicial. Se puede ver desde bodypainting y tatuajes, hasta integrado en spots publicitarios o como decoración de ropa…
Segundo, y pasando a lo divertido, vino la parte práctica que contaré a grandes rasgos. Una vez que se tienen los materiales, en el soporte donde trabajar se trazan con polvos de tacto las líneas por donde luego pintaramos. Los cuatro pasos son:
1. La base de color. Se da una base plana de color. En este caso 4 colores diferentes.

.
2. Las luces. Se destaca con un color más claro las zonas donde le daría la luz, para que de esta forma el diseño empiece a tomar vida.

.
3. Las sombras. Se destaca con un barniz los lugares donde correspondería la sombra y de esta forma se empieza a ganar relieve.

.
4. Los brillos. Por último, se delimita y resalta aquellas zonas que hace que el dibujo se de por terminado.

En definitiva, fue toda una experiencia enfrentarse con una tablita vacía y un pincel (ni recuerdo el tiempo que hacía que no jugaba con uno). Aprender, por más de que luego faltaría mucha práctica, mereció la pena.
De hecho, pensar en las distintas capas y la importancia de unas y otras, me he recordando un post que tiene cierta analogía por la complementariedad. Lo recomiendo!
POST RELACIONADO:
* Costumbres Argentinas